lunes 21 de junio de 2010

Elevador



-Y bien, ya sé todo.. ¿esperabas que no me diera por enterada? - Preguntó con desdén la mujer del tapado rojo. Su mirada solía ser altiva cuando trataba temas como ése.
-No quería que te enteraras así- respondió la otra, la chica de cabellos negros.
-Pues ya me he enterado, acaso me has tomado por estúpida? ¿Acaso crees que puedes destruir lo más sagrado que tengo, en mis propias narices? La dama de rojo levantó el tono de voz y sonó todo lo agria que podía sonar en ese momento.
Ambas estaban dentro de esa ascensor, que descendía desde el piso 45 hacia la planta baja de lo que conformaba una moderna edificicación del centro de la ciudad.
Angela y Muriel, las damas en cuestión, ambas cuidadosamente vestidas..ambas con amargas verdades por decirse, aunque el tiempo apremiara.
-El está abajo.. esperando- dijo Angela mirando de soslayo a su compañera, la dama de tapado rojo.
-¿Está abajo? Mejor así, pues qusiera escuchar su versión de los hechos, de sus propios labios. Me merezco una explicación de él, después de tantos años, no te parece?-, susurró con oprimido dolor la otra, Muriel.
-Ni él ni yo fuimos concientes de lo que estaba pasando, Muriel. Simplemente sucedió-

-¿"Sucedió"? ¿Acaso eso justifica los hechos? ¿Acaso algo que no fue premeditado atenúa todo el dolor y odio que hoy siento al sentirme estafada, al leer esta carta? -Acto seguido, Muriel extrajo de su bolso una carta, y procedió a romperla en múltiples pedazos ante la mirada azorada de la otra.

Angela, la chica de los negros cabellos comenzó a sollozar. Muriel parecía inmutable a simple vista aunque una radiografía interna habría revelado que estaba destrozada, aniquilada en ese mismo instante.
El ascensor seguía descendiendo de ese edificio, y ambas mujeres casi no se miraban.
El esperaba abajo, para abrazar a una y para despedirse de la otra.

-Y bien-…Muriel rompió el silencio- ¿Qué cosas podrás tener con él, que yo no pueda darte..que instantes vividos con el prefieras a los vividos conmigo?

Angela no respondió en ese momento. Ambas bajaban de esa lujosa habitación de hotel, donde habían pasado quizás la mejor noche desde que habían comenzado a amarse (5 años atrás) pero aún asi no era capaz de responder.
-¿Sabes? Ni puedo odiarte… Angela. Ni aún ahora puedo odiarte, y así con todo.. quisiera no verte más-.
La chica de cabellos negros miró entonces a esa mujer alta, rubia, vestida con la severidad de un tapado rojo que contrastaba con la dulzura que había sido capaz de darle todos esos años. Muriel también le respondió la mirada. Ya no lucía inmutable..sino simplemente dolida en lo más hondo.
-Este es el fin, amor-..
Ambas permanecieron mirándose, a la par que las lágrimas finalmente cedían.
Ambas se fundieron en un largo y final beso, donde los minutos se detuvieron, y la noción tiempo-espacio pasó a ser difusa..Como había sido siempre, solo que era El final. ¿Lo era realmente? ¿Podía revertirse ese momento, podría no haber existido nunca esa traición? Podria haber sido El tan solo un mero objeto y no el actor de ese final ineludible?.
Angela sacó a Muriel de sus cavilaciones:
-¿Me preguntaste si de todo lo que viví con vos, había algo que solo él pudo darme?-
Pudo ver el rostro ansioso de su compañera y prosiguió: -Hace 3 noches confirmé que estoy embarazada.
Muriel cerró lo ojos.. juraría haber sentido algo romperse en lo más profundo de su ser.
Una herida profunda, un corte directo que le cercenó el alma en dos.
¿Podría simplemente seguir, después de todo eso? ¿después de ESA noche?
Ahora las dos estaban en extremos opuestos del ascensor, una distancia más allá de lo mesurable yacía entre ellas. En 5 años jamás habían estado tan lejos.. y tan cerca.
¬Perdóname…no hay salvación para mi- sollozó Angela de pronto..
Sin previo aviso, Muriel extrajo del bolsillo de su tapado rojo una pistola 45, apuntó a la cabeza de su amada, y disparó sin dudar. El cuerpo de Angela cayó pesadamente, y junto a él llegó la tardía respuesta de Muriel.. ¿:Y crees que YO tendré salvación después de esto?, (sentenció, más que preguntar) a la par que se tragaba las amargas lágrimas.
Había asistido a ese último encuentro, con la certeza de que sería el final.
Lo supo mucho tiempo antes, cuando las sospechas de infidelidad comenzaban a azotarla, y la creciente frialdad de Angela la hacía dudar.. cuando sus caricias comenzaron a menguar, y cuando ya no pudo ver esa devoción ciega en su mirada.
Supo que era el final, cuando partió esa noche rumbo al hotel, llevando en su cartera esa pistola 45, que -hasta ese instante fatal- pensaba usar contra si misma.
Un instante fatal.. y una verdad que aniquiló en un segundo la vida que había imaginado junto a esa mujer.
El ascensor llegó finalmente a planta baja. Las puertas se abrieron de par en par, dejando al descubierto a su única y (y ya yerta ocupante).
Comenzaba a congregarse una pequeña multitud en el vestíbulo de ese edificio capitalino y un hombre joven trataba de abrirse paso entre el gentío, con una mirada ansiosa.

++ JADOSH ++


PD: gracias Akasha =)

2 comentarios:

Verónica dijo...

Simplemente atrapante..casi te diría que a medida que lo leía podía imaginar diversos desenlaces. Paradójicamente todo sucede en un viaje de ascensor.. una traición, un adiós; una amarga revelación, y el FINAL, la misma tragedia del amor sucedida en breves instantes.
Un gusto leerte, Jadosh.

¢яóni¢aѕ ∂є ∂ías ℓℓuvioѕoѕ dijo...

GRacias a ti, querido, por escribir algo tan hermoso.

Particularmente adoro las historias entre mujeres por su escasez, y por la forma particular que tiene una mujer de enfrentar algunas situaciones. Éste relato es un fiel retrato de ello, algo frío, y claro, destruyendo incluso aquello que más amaba.

"Sin previo aviso, Muriel extrajo del bolsillo de su tapado rojo una pistola 45, apuntó a la cabeza de su amada, y disparó sin dudar. El cuerpo de Angela cayó pesadamente, y junto a él llegó la tardía respuesta de Muriel.. ¿:Y crees que YO tendré salvación después de esto?, (sentenció, más que preguntar) a la par que se tragaba las amargas lágrimas."

Qué hermoso... Las adoré a ambas, pero mi debilidad, como sospecho que sabrás, ha sido Muriel .

Un saludo.